Los directores de la Ciencia ficción en los años 50

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Con imaginación, fantasía y muchísimas ganas ellos fueron la base práctica del género más explosivo de los años 50.

Docenas de directores de cine se enfrentaron a guiones imposibles y presupuestos irrisorios para conseguir lo más difícil, facturar sus productos rápidamente y al gusto del gran público; no les pedían personalidad ni autoría, tan sólo rapidez y creérselo tanto como para hacer que los espectadores se lo creyeran también.

Algunos de los directores que citaremos consiguieron ofrecer algo más que simple celeridad, y aplicaron hábilmente a sus films de ciencia ficción ciertas huellas específicas de su propia sensibilidad, otros, fueron mediocres artesanos cuyo mérito consistía en rodar esas baratijas de 70 minutos de duración, con monstruos alienígenas de carnavalescos atuendos, y platillos volantes sujetados con hilo de pescar, esa bisutería infantil que tanto nos divierte ahora.

Curiosamente, el orden alfabético obliga a que empecemos con el que quizás sea el mejor de todos los directores de ciencia ficción en los 50: Jack Arnold. En próximos artículos seguiremos con la lista. – ARNOLD, JACK

Principales obras: “It came from outer space” (1953), “La mujer y el monstruo” (1954), “Revenge of the creature” (1955, secuela de la anterior), “Tarántula” (1955), “El increíble hombre menguante” (1957). La crítica mundial tardó décadas en situar en su justo lugar las joyas que dirigió este hombre. En los últimos tiempos, sin embargo, su nombre evoca ya una sensibilidad fílmica por fin reconocida.

Arnold empezó en el cine como ayudante del documentalista Robert Flaherty. Su ópera prima, un documental titulado “With these hands” (1950), fue premiada con una nominación al Oscar.

Sus producciones de ciencia ficción destilan una preocupación por el mundo, en algunos casos los films de Arnold son metáforas de corte pacifista, ya en forma de avisos ante el peligro de la experimentación científica alocada que desafía las leyes de la naturaleza (”It came from outer space”), la energía nuclear (”El increíble hombre menguante”) o la irrupción indiscriminada del hombre en parajes naturales (”La mujer y el monstruo”).

Experimentó con las técnicas en tres dimensiones (”It came from outer space”, “La mujer y el monstruo”) y nos dejó con una serie de impagables sci-fi movies, nunca delirantes, siempre narrados con buen ritmo, y a veces, consiguiendo sorprendentes obras maestras como “El increíble hombre menguante”, con su discurso sobre la inversión de tamaños-roles (el hombre pasa a ser insignificante, un mero insecto a merced de todo lo que él mismo ha creado), las logradísimas escenas con un gato gigantesco persiguiendo al protagonista y el guión de nada menos que Richard Matheson.

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– BRANNON, FRED C.

Principales obras: “Radar men from the moon” (1952). Ejemplo de director sin personalidad enfrentado a un producto sin personalidad. Pero qué más da, este hombre fue quien dirigió los episodios del serial “Radar men from the moon”, culebrón sci-fi para la Republic fabricado con tan poca traza que te partes. El protagonista es Commando Cody, típico guaperas del género que lucha contra unos invasores venidos de la Luna con aspecto de veteranos sindicalistas de UGT, ayudado por un cohete a propulsión abrochado por correas a su espalda. Efectos especiales inexistentes y verismo nulo (en “Radar men from the moon”, amigos, los humanos pueden pasearse por la Luna sin casco ni oxígeno. Puro delirio); diversión a raudales con diálogos de niños de P3 y escenas que siempre acaban igual: liándose a hostias extraterrestres y humanos.

En la época, ver este serial equivalía a lo que ahora representa “Expediente X” o “Babylon 5″ , eran sin duda, otros tiempos.

– CORMAN, ROGER

Principales obras: “The day the world ended” (1955), “It! Conquered the world” (1956), “Attack of the crab monsters” (1956), “Not of this earth” (1956), “Teenage caveman” (1958).

Ya hemos hablado (y seguiremos hablando) de Roger Corman en Mundocine. Él es la serie B, el hombre al que le confiarías la paga semanal que te da papá para que realizara con esta un emocionante sci-fi movie. Empezó como revisor de guiones en la American Internacional, compañía para la que dirigiría sus mejores obras, el ciclo de Poe entre ellas. Con 12000 dólares arrebatados a bienintencionados amiguetes, produjo “Monster from the ocean floor” a principios de los 50. Dirigió piezas de mercadillo como “It! Conquered the world”, un favorito personal, el ataque a nuestro planeta de un ridículo alienígena que puede controlar la mente de los humanos, en concreto, hará que todo un esposo como Lee van Cleef le haga la vida imposible a la gritona Beverly Garland.

El hombre que nunca perdió un centavo haciendo una película no era especialmente imaginativo ni personal, simplemente cogía un guión y procuraba quitárselo de encima en el menor tiempo posible, sin complejos ni vergüenza de ningún tipo.

– GORDON, BERT I.

Principales obras: “El gigante ataca” (1957), “Earth vs. The spider” (1958), “War of the Colossal Beast” (1958). Dirigió una pieza imprescindible, de museo: “War of the colossal beast”, en la que daba rienda suelta a sus preferencias por los films con monstruos gigantes aplastando a humanos como simples hormigas.

Los films sobre gigantismo (arañas mutadas en colosales criaturas, mujeres de 50 pies, hormigas del tamaño de un pabellón de baloncesto…) fueron un recurso fácil para la ciencia ficción de los 50, al público le gustaban las cosas bigger than life. La citada “War of the colossal beast” era una revisión del clásico “Attack of the 50 foot woman” (1958, Nathan Juran), que había tenido cierto éxito. La operación no salió demasiado bien, y el film de Gordon palidece ante la imponente Allison Hayes, la única mujer de 50 pies del mundo.

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Cine de Artes Marciales. Patadas van, patadas vienen

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Un subgénero cinematográfico que ha influenciado toda clase de películas. Desde la ciencia ficción hasta los filmes de acción, las Artes Marciales se han hecho presentes.

Los combates cuerpo a cuerpo siempre han sido importantes en el cine, sin embargo en occidente no era muy común ver peleas avanzadas y espectaculares. Las luchas consistían en unos cuantos puños, mientras el protagonista encontraba su pistola. En oriente, por otra parte, los movimientos rápidos, los impresionantes saltos y las relaciones maestro y discípulo siempre estuvieron presentes, ya que estos aspectos son propios de aquellas culturas.

Antes de Bruce Lee no se sabía mucho sobre el combate escénico en occidente. Eran peleas simples y carentes de espectacularidad. Después de que el público norteamericano vio a Bruce interpretando a Kato en la serie televisiva “El avispón verde” entre los años 96 y 97, se creó una fuerte expectativa sobre esta nueva clase de acción. Bruce no triunfaría como Kato y tendría que regresar a China donde alcanzaría gran éxito. La película que lo lanzaría a la fama en Estados Unidos sería “”Enter the Dragon”, que es considerada su obra cumbre.

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Más allá de las apariciones de Chuck Norris y algunos otros norteamericanos que hacían esta clase de películas, el verdadero boom del cine de Artes Marciales llegó después de Bruce Lee. A partir de su muerte, las escenas de acción con movimientos propios del kung fu chino se hicieron muy populares en el cine norteamericano e incluso en el cine de otros países. Películas como “The Matrix” estrenada en el año 1991 en los Estados Unidos y el largometraje francés “Banlieue 13” han sido claramente influenciados por el cine de Artes Marciales. Las escenas de combate han evolucionado y se han convertido en partes fundamentales de los filmes de acción.

Cine Norteamericano de los años 70

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Los setenta en estados Unidos son la década de la crisis económica, el desengaño post Vietnam, el Watergate, el fin del hippismo… Y de una nueva era dorada en el cine, quizás como no había existido ninguna desde el Hollywood clásico.

A los problemas por los que atravesaba el mundo en general y la nación en particular, respondieron una nueva generación de cineastas con una mirada menos complaciente con el sueño americano y los inalterables ideales made in USA con los que habían crecido. El cine de los setenta es una renovación artística todavía no superada desde entonces (de la renovación comercial del cine en esta misma década hablaremos después), un nuevo aire surgido del descontento social. Pero ese cambio no habría sido posible sin que la industria hubiera propiciado la coyuntura necesaria para que los directores y guionistas hicieran bien su trabajo. En primer lugar, los grandes estudios estaban en una crisis sin precedentes, arrastrada ya desde la irrupción de la temible competencia televisiva, y se deshacen de sus activos (propiedades, empleados, hasta venden el vestuario y los objetos que habían pertenecido a las grandes estrellas del pasado) para posteriormente dejar de controlar la producción, aunque si quedándose con la distribución. Aparecen entonces los estudios independientes que son los que se ruedan films en un entorno de mayor libertad creativa.

Con este panorama menos esclavizado por la vieja política de estudios, aparecen cineastas que recogen lo sembrado en lo sesenta por gente como John Cassavettes, Paul Morrisey o Robert Kramer, y films que sintetizaban esa nueva mirada y ese protagonismo de la juventud, como El Graduado, además de verdaderas escuelas de cine como la Internacional Pictures de Roger Corman, en la que darán sus primeros pasos los futuros directores estrella de los setenta. Las nuevas tecnologías, con equipos más ligeros y costes más baratos hace que se pueda rodar más y mejor, y el cineasta sale a la calle. El director puede permitirse contar historias de forma personal y tomar riesgos, implicarse hasta el fondo en sus historias, como también hacen los actores, como Jack Nicholson o Robert de Niro que adaptan sus cualidades a las del personaje que interpretan, metamorfoseándose como camaleones. Muchos de estos actores y directores serán también los productores de sus propios films.

La industria respaldará con dinero a futuros maestros para que filmen, y con Oscars y demás premios para lanzar sus carreras, como es el caso de Woody Allen (que rompe esquemas con Annie Hall en 1977), Martin Scorsese (cuyo Taxi Driver, por ejemplo, fue premiado en los Oscar y en Cannes y certificaba en su temática el fin de una América más feliz, ahora despertando al trauma post Vietnam), Francis Ford Coppola y sus dos partes de El padrino, dos de los films más taquilleros de la época, Bob Fosse y su nueva visión del musical con films como Cabaret, y otros directores como Robert Altman, Peter Bogdanovich o el checo Milos Forman, que triunfará con Alguien voló sobre el nido del cuco. Cine con buenos resultados comerciales, pero sin renunciar a los riesgos artísticos.

Los films de la época no escatiman en contar la guerra como jamás se había hecho antes (es el caso de MASH, o Apocalypse now), o dar una visión oscura –por naturalista- de la política y la sociedad (Todos los hombres del presidente y el escándalo Watergate, y Network, con Peter Finch, y la voracidad del mundo televisivo). Esa misma postura crítica y sin complejos discurría paralelamente al renacimiento del género del terror, que ahora se nos muestra más directo y violento, también sin complejos. Así, en 1973 la taquilla responderá masivamente a films como El Exorcista, de William Friedkin, y en 1978 hará lo propio con Halloween, de John Carpenter, sin olvidar el nacimiento de films de culto, horror movies de sangre y asesinato como La matanza de Texas, de Tobe Hooper. Un cine social y un cine de terror más directo, como el cine de crímenes, y films policíacos descarnados como Bullit y The French Connection, o criaturas más extremas todavía, como La naranja mecánica de Stanley Kubrick. En un espectro de menores presupuestos, nacen también los films de Blaxploitation (con Shaft como cima indiscutida), diseñados y fabricados por y para afroamericanos, que reivindican la cultura negra en plena época del black power. En el otro extremo, los dramas también adquirirán una pátina más honesta y directa, con films como Love Story (un exitazo que ganó cincuenta veces más de lo que había costado) o la misma Alguien voló sobre el nido del cuco.

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Esta explosión artística será paralela a una revolución a nivel comercial. Aparece el concepto del blockbuster, films que representan un gran golpe en la taquilla, y son vistos masivamente en muchos países. Pero lo importante del asunto es que películas como Star Wars (1977) firmarán contratos de mercadotecnia como nuevo modo de explotar un film, concediendo franquicias para la fabricación de juguetes y demás productos de merchandising derivados de la película.

El exorcista, Tiburón o Star Wars son clásicos casos de blockbuster, films que hicieron millonarios a sus productores.

Así, los productores de la época también tuvieron el ojo puesto en los beneficios, de ahí por ejemplo el auge del cine de catástrofes (Terremoto, El coloso en llamas, Aeropuerto 75, La aventura del Poseidón y docenas más), género que reciclaba a viejas estrellas del pasado, añadía algún tipo de catástrofe natural o tecnológica y esperaba la casi siempre positiva reacción del público. De esta época, y de esa voracidad por fabricar blockbusters de donde fuera, surgirá la moda de las segundas partes. Si un film arrasaba, por qué no repetir la operación para volver a arrasar. Rocky y sus secuelas, Superman o Star wars son casos típicos. Si un film era un negocio, el mismo film se convertía en una franquicia que se alargaba en cuantas partes fuera necesario.

Aunque de todo esto, lo que más ha quedado es la lista de grandes películas firmadas por grandes cineastas, todavía en activo la mayoría. Una nueva escuela de directores cuyo afán por ofrecer nuevas visiones inconformistas de la vida, además de su propio talento aprendido de los maestros del pasado, fue el revulsivo que necesitó Hollywood para sobrevivir durante esos difíciles tiempos de crisis.

Baraka. El documental que cambió la perspectiva

Una forma diferente de contar historias y mostrar la realidad. Un documental único, tanto por sus imágenes y sus sonidos, como por su mensaje… simplemente perfecto.

Es un documental realizado por el cineasta norteamericano Ron Fricke, quien es considerado como uno de los grandes maestros de la dirección de fotografía cinematográfica en el mundo. Esta obra fue filmada en 24 países y contó con una impresionante cantidad de imágenes y sonidos, que son la esencia de este filme. El documental es netamente visual, sonoro y musical, ya que no cuenta con ninguna clase de diálogos o voces en off.

El título de “Baraka” proviene de una palabra de origen Sufí, que es una comunidad religiosa islámica. Esta palabra significa aliento de vida. A partir del título se puede entrever la magnífica calidad técnica y visual con la que trabajaron los miembros de esta producción. La banda sonora de la película fue cuidadosamente desarrollada por el compositor Michael Stearns. Aunque antes de “Baraka” se realizaron otros documentales que seguían una estructura similar, lo que hace que esta obra se convierta en un producto de culto y referencia es su prolija dirección, con espectaculares escenas. Todos los detalles fueron cuidados y el resultado final fue un documental perfecto, una obra de arte.

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Las imágenes en este documental llevan al espectador a través de la evolución humana, las diferencias entre culturas, los hechos históricos que marcaron la historia y los aspectos espirituales de las etnias. Otro aspecto relevante en esta cinta es la comparación que se hace entre el hombre y su entorno, y la manera como los seres humanos hemos abusado de la naturaleza y los animales, empujados por nuestra aparente supremacía mental. Esta es una obra que selló un antes y un después en la realización de documentales.