Angelina Jolie

Los labios más sensuales del mundo

Angelina JolieSe convirtió en un símbolo sexual por su particular belleza y sus llamativos labios. Pero más allá de sus atractivos físicos, ella es una disciplinada y dedicada actriz.

Angelina Jolie nació el 4 de junio de 1975 en la ciudad de Los Ángeles en California, Estados Unidos. Su debut oficial como actriz fue en 1993 en la película “Cyborg 2”, pero no tendría un papel protagónico hasta el año 1995 cuando participó en el filme “Hackers”. El momento cumbre de su carrera se dio en la entrega de los premios Óscar de la academia en el año 2000, cuando ganó el premio como mejor actriz de reparto por su actuación en la película de James Mangold “Inocencia interrumpida”.

Después de los premios de la academia, llagaría su consagración como estrella de Hollywood tras interpretar a Lara Croft en la película del videojuego “Tomb Raider”. A partir de allí, su fama crecería de manera sorprendente hasta convertirla en una de las actrices mejor pagadas del cine norteamericano. Más adelante protagonizó junto a Brad Pitt la película de acción y comedia “Sr. y Sra. Smith”.

Cuando oficializó su relación con el actor Brad Pitt, su éxito se disparo por las nubes y la popularidad de los dos los convirtió en una de las parejas más famosas de Hollywood. Posteriormente prestaría su voz para la película animada “Kung Fu Panda”. Este filme se convirtió en un gran acierto y fue la película de mayor éxito comercial en la que participó Angelina.

Además de su despampanante belleza y su talento actoral, Angelina también es una de las estrellas de Hollywood que más contribuye con las problemáticas sociales en el mundo. Es embajadora de buena voluntad de ACNUR estadounidense y reconocida por sus visitas a los países menos favorecidos del mundo con fines sociales.

Audrey Hepburn

“La gente siempre me relaciona con el tiempo en que las películas eran placenteras. Cuando las mujeres llevaban hermosos vestidos en películas con una música preciosa”.

Audrey Hepburn.

Audrey HepburnElla era una de esas mujeres que vestían modelos de alta costura, con una sonrisa de gozo permanente en los labios, mientras vivían un idilio con un atractivo caballero en alguna capital europea chic. La comedia sofisticada y Audrey, su reina. Estamos en “Desayuno con diamantes” (1961, Blake Edwards), Audrey es Holly, y George Peppard interpreta a Paul. Holly le pregunta a Paul: “¿No lo amas?”, Paul se pone en guardia: “¿Amo a quién?”, Holly: “A Tiffany´s”.

El verdadero nombre de Audrey era Edda van Heemstra Hepburn-Ruston, nació en Bruselas, Bélgica, en el 1929. La Segunda Guerra Mundial la sorprende con su madre en una Holanda que no tarda en ser ocupada por los nazis. Allí permanecerá hasta el fin de la contienda. Mientras avanza la guerra, Audrey toma lecciones de ballet y, se rumorea, participa en actos de la resistencia junto con su madre. Cuando el ejército alemán es derrotado, viaja a Londres, donde va rellenando currículum en trabajos como modelo para fotógrafos de moda. En 1948 debuta en el cine con papeles menores mientras completa con clases su formación como actriz.

De la mano de la novelista Colette, debuta en Broadway con “Gigi”, y en 1953, el director William Wyler la llama para que protagonice “Vacaciones en Roma” junto a Gregory Peck, en un papel que había rechazado previamente Jean Simmons. El film se convierte pronto en todo un clásico, y Audrey obtiene su primer Oscar.

En estos primeros tiempos de fama profesional, la actriz empieza a conocer los contratiempos del éxito y debe soportar por ejemplo, la presión de los estudios para que se cambie su apellido Hepburn, para no ser confundida con Katharine Hepburn.

En 1954 se casa con el actor Mel Ferrer y gana un premio Tony de teatro por su trabajo en la pieza de Broadway “Ondine”. Este mismo año llega “Sabrina”, donde Audrey interpreta su papel más prototípico, en un film que, bajo la dirección de Billy Wilder, se come a todo un William Holden (con el que se dice que hubo idilio) y a todo un Humphrey Bogart. En una carrera meteórica que no parecía conocer límites, la Academia vuelve a nominar a la actriz, esta vez sin premio final.

El épico “Guerra y paz” de 1956, le permite estar delante de las cámaras con su marido, y en 1957 vuelve a repetir con Billy Wilder la misma mecánica que en “Sabrina” (chica joven, inocente y pizpireta liada con maduro rico) con la inolvidable y hasta hace bien poco inédita en España, “Ariane”, donde seduce a un envejecido y un poco tosco Gary Cooper, mientras un cuarteto de cuerda surrealista entona una romántica melodía. Con “Historia de una monja”, de Fred Zinneman, Audrey consigue otra nominación al Oscar, y el premio en el Festival de Cine de San Sebastián del 1959. “Desayuno con diamantes” es otra película insignia para Audrey que sigue emocionando a las nuevas generaciones. “El dulce desencanto”, la comedia de coctelera y Dry Martini con fondo de amargura, el “Gato” y George Peppard con Audrey bajo la lluvia. Y “Moonriver”…

Ya en 1963, Cary Grant le exige al director Stanley Donen que Audrey coprotagonice “Charada” con él. Se celebra una cena entre Donen, Cary Grant y la actriz para hablar sobre la preparación del film. Audrey no puede esconder sus nervios, en su vida habría imaginado que llegaría a conocer a su ídolo Cary Grant. Cuando el actor le pide que le alcance el vino, Audrey se lo vuelca en su impecable traje. Ella no sabe donde mirar, pero Cary la obsequia con una feliz carcajada.

Habiendo terminado “Charada”, le ofrecen en 1964 el papel de Eliza Doolittle en el musical “My fair lady”, con la dirección de George Cuckor, una obra que ya había sido representada previamente con éxito en Broadway con Julie Andrews de protagonista. Hepburn rechaza el papel y afirma que la película debe hacerla Julie, ella es Eliza Doolittle. Finalmente, Audrey acepta el papel, que le reportará tanta satisfacción como desengaños. Sin ir más lejos, en uno de los primeros días de rodaje, informan a Hepburn que su voz no será la que finalmente utilizarán en las canciones del film, al parecer, Jack Warner lo sabía desde antes de que firmara el contrato, y se lo habían escondido hasta ese momento. Ella, ciega de rabia, abandona el plató, aunque vuelve al día siguiente pidiendo disculpas a todos.

En 1969 se casa con el psiquiatra italiano Andrea Dotti y traslada su residencia a Roma. En 1976 se divorciará de Andrea y, después de nueve largos años de ausencia, regresa al cine con “Robin y Marian” (Richard Lester), compartiendo pantalla con Sean Connery. A partir de entonces, sus trabajos van espaciándose en el tiempo hasta que en 1989, Steven Spielberg, sentado con Richard Dreyfuss y algunos miembros de confianza de su equipo, se pone a pensar quién debería interpretar el papel de ángel en “Always”, el próximo y melancólico film del director. Spielberg sólo tiene que decir dos palabras: “Audrey Hepburn”, y nadie le contradice. Este será el último papel de la actriz en el cine.

Después de “Always”, Audrey se dedicará con más ahinco que nunca a las actividades humanitarias que tanto le preocupan (en 1988 había sido nombrada Embajadora Especial de UNICEF), viajando en diferentes misiones por África y América del Sur. Recién llegada de una visita a Somalia en 1992, contrae un cáncer de colon que le sesga la vida al año siguiente. En la edición de aquella temporada de los Oscar, se le concede una estatuilla póstuma por su labor humanitaria.

Billy Wilder mostró siempre un gran respeto por Audrey Hepburn, y era muy consciente de la intangible, mágica, sustancia de la que están hechas actrices como ella. En los años noventa dijo: “Vivimos en una era sin estrellas. Sobre todo, estrellas femeninas. Audrey Hepburn era especial porque no era “guapa”. Era muy bella. Pero, cuando uno la veía, cuando no estaba actuando, era normal y corriente. Y era muy buena actriz. Su muerte fue un golpe tremendo”.


mientras vivían un idilio con un atractivo caballero en alguna capital europea chic. La comedia sofisticada y Audrey, su reina. Estamos en “Desayuno con diamantes” (1961, Blake Edwards), Audrey es Holly, y George Peppard interpreta a Paul. Holly le pregunta a Paul: “¿No lo amas?”, Paul se pone en guardia: “¿Amo a quién?”, Holly: “A Tiffany´s”.

El verdadero nombre de Audrey era Edda van Heemstra Hepburn-Ruston, nació en Bruselas, Bélgica, en el 1929. La Segunda Guerra Mundial la sorprende con su madre en una Holanda que no tarda en ser ocupada por los nazis. Allí permanecerá hasta el fin de la contienda. Mientras avanza la guerra, Audrey toma lecciones de ballet y, se rumorea, participa en actos de la resistencia junto con su madre. Cuando el ejército alemán es derrotado, viaja a Londres, donde va rellenando currículum en trabajos como modelo para fotógrafos de moda. En 1948 debuta en el cine con papeles menores mientras completa con clases su formación como actriz.

De la mano de la novelista Colette, debuta en Broadway con “Gigi”, y en 1953, el director William Wyler la llama para que protagonice “Vacaciones en Roma” junto a Gregory Peck, en un papel que había rechazado previamente Jean Simmons. El film se convierte pronto en todo un clásico, y Audrey obtiene su primer Oscar.

En estos primeros tiempos de fama profesional, la actriz empieza a conocer los contratiempos del éxito y debe soportar por ejemplo, la presión de los estudios para que se cambie su apellido Hepburn, para no ser confundida con Katharine Hepburn.

En 1954 se casa con el actor Mel Ferrer y gana un premio Tony de teatro por su trabajo en la pieza de Broadway “Ondine”. Este mismo año llega “Sabrina”, donde Audrey interpreta su papel más prototípico, en un film que, bajo la dirección de Billy Wilder, se come a todo un William Holden (con el que se dice que hubo idilio) y a todo un Humphrey Bogart. En una carrera meteórica que no parecía conocer límites, la Academia vuelve a nominar a la actriz, esta vez sin premio final.

El épico “Guerra y paz” de 1956, le permite estar delante de las cámaras con su marido, y en 1957 vuelve a repetir con Billy Wilder la misma mecánica que en “Sabrina” (chica joven, inocente y pizpireta liada con maduro rico) con la inolvidable y hasta hace bien poco inédita en España, “Ariane”, donde seduce a un envejecido y un poco tosco Gary Cooper, mientras un cuarteto de cuerda surrealista entona una romántica melodía. Con “Historia de una monja”, de Fred Zinneman, Audrey consigue otra nominación al Oscar, y el premio en el Festival de Cine de San Sebastián del 1959. “Desayuno con diamantes” es otra película insignia para Audrey que sigue emocionando a las nuevas generaciones. “El dulce desencanto”, la comedia de coctelera y Dry Martini con fondo de amargura, el “Gato” y George Peppard con Audrey bajo la lluvia. Y “Moonriver”…

Ya en 1963, Cary Grant le exige al director Stanley Donen que Audrey coprotagonice “Charada” con él. Se celebra una cena entre Donen, Cary Grant y la actriz para hablar sobre la preparación del film. Audrey no puede esconder sus nervios, en su vida habría imaginado que llegaría a conocer a su ídolo Cary Grant. Cuando el actor le pide que le alcance el vino, Audrey se lo vuelca en su impecable traje. Ella no sabe donde mirar, pero Cary la obsequia con una feliz carcajada.

Habiendo terminado “Charada”, le ofrecen en 1964 el papel de Eliza Doolittle en el musical “My fair lady”, con la dirección de George Cuckor, una obra que ya había sido representada previamente con éxito en Broadway con Julie Andrews de protagonista. Hepburn rechaza el papel y afirma que la película debe hacerla Julie, ella es Eliza Doolittle. Finalmente, Audrey acepta el papel, que le reportará tanta satisfacción como desengaños. Sin ir más lejos, en uno de los primeros días de rodaje, informan a Hepburn que su voz no será la que finalmente utilizarán en las canciones del film, al parecer, Jack Warner lo sabía desde antes de que firmara el contrato, y se lo habían escondido hasta ese momento. Ella, ciega de rabia, abandona el plató, aunque vuelve al día siguiente pidiendo disculpas a todos.

En 1969 se casa con el psiquiatra italiano Andrea Dotti y traslada su residencia a Roma. En 1976 se divorciará de Andrea y, después de nueve largos años de ausencia, regresa al cine con “Robin y Marian” (Richard Lester), compartiendo pantalla con Sean Connery. A partir de entonces, sus trabajos van espaciándose en el tiempo hasta que en 1989, Steven Spielberg, sentado con Richard Dreyfuss y algunos miembros de confianza de su equipo, se pone a pensar quién debería interpretar el papel de ángel en “Always”, el próximo y melancólico film del director. Spielberg sólo tiene que decir dos palabras: “Audrey Hepburn”, y nadie le contradice. Este será el último papel de la actriz en el cine.

Después de “Always”, Audrey se dedicará con más ahinco que nunca a las actividades humanitarias que tanto le preocupan (en 1988 había sido nombrada Embajadora Especial de UNICEF), viajando en diferentes misiones por África y América del Sur. Recién llegada de una visita a Somalia en 1992, contrae un cáncer de colon que le sesga la vida al año siguiente. En la edición de aquella temporada de los Oscar, se le concede una estatuilla póstuma por su labor humanitaria.

Billy Wilder mostró siempre un gran respeto por Audrey Hepburn, y era muy consciente de la intangible, mágica, sustancia de la que están hechas actrices como ella. En los años noventa dijo: “Vivimos en una era sin estrellas. Sobre todo, estrellas femeninas. Audrey Hepburn era especial porque no era “guapa”. Era muy bella. Pero, cuando uno la veía, cuando no estaba actuando, era normal y corriente. Y era muy buena actriz. Su muerte fue un golpe tremendo”.